El desdén por las artes marciales

DSC_0631

Desde mucho tiempo atrás hemos observado como una serie de disciplinas marciales han sido instruidas a lo largo del tiempo. Son las llamadas Artes Marciales. No ha importado de qué lugar procedieran ya que con la globalización se han extendido por todo el mundo indistintamente de su lugar de procedencia. Pero ¿Son necesarias? ¿A qué dedican su estudio? ¿Qué aportan a la humanidad? Son preguntas que llegados a este punto es lícito que nos hagamos y encontremos respuesta, ya que representan una realidad que cada vez tiene más adeptos. La mercantilización y la creciente demanda de éstas, hacen que se hayan convertido en una profesión la cual está poco definida, y en ocasiones muy mezclada y difusa. La opinión que tiene la gente no siempre es la que desearían los artistas marciales. Pero ¿Son responsables ellos de esta visión que tiene la sociedad? ¿Todas las artes marciales son sinceras a la hora de definir su esencia? Es complicado definir algo cuando no hay consenso entre los expertos. Este artículo tal vez arroje algo de luz a todas estas cuestiones.

Por dónde empezar cuando el principio determina el rumbo de un viaje. Cuando determina un camino a seguir u otro. Podríamos empezar por preguntarnos: ¿Para qué se deben estudiar las artes marciales? ¿Qué aportan a la humanidad? Mucha gente podría decir que sólo es un sistema que reproduce una realidad a evitar del ser humano. La violencia. ¿Por qué los seres humanos deben de aprender violencia? Son preguntas que según las formulemos desde un paradigma u otro pueden tener respuestas y conclusiones diferentes. El juicio de valor que hagamos puede verse sesgado, o simplemente influenciado. No existe una realidad única en palabras mayúsculas. Mucha gente se apresura a responder esta pregunta desde una visión catastrofista del mundo, argumentando que es necesaria la autodefensa. El mundo que vivimos puede ser muy duro según el lado en el que nos haya tocado nacer. Entonces la duda que me surge es: ¿Está condicionado el estudio de las artes marciales a la situación que nos toque vivir? ¿La existencia de las artes marciales como tales se debe única y exclusivamente a una necesidad pragmática temporal de un determinado momento? No niego que su origen no responda a una situación así. Pero a mi entender puede que haya trascendido a su origen y que su esencia con el tiempo se haya convertido en algo que va más allá.

Si miramos en las diferentes culturas, siempre han existido expresiones de violencia codificada e instruida. Tanto por el ejercito hasta por las diferentes sociedades civiles. Incluso su canalización más sofisticada en un formato deportivo.   No podemos negar que el ser humano se siente atraído por la violencia. El convertirla en un espectáculo se lleva haciendo desde hace miles de años. ¿Qué tiene la violencia que nos atrae tanto? Es casi como algo genético esencial en todos los seres humanos. La violencia no nos es indiferente. Puede gustarnos o no, pero siempre estaremos dispuestos, en una situación u otra, a defender el si nos gusta o no de una manera violenta. Qué curioso y qué contradictorio ¿Verdad? Basta que se coloque en una situación de crisis a una persona pacifista, para que afloren sus más profundos sentimientos violentos y actúe dejándose llevar por sus instintos más primarios y violentos. El ser humano es un ser que nace incompleto y se pasa toda su vida luchando contra lo que está escrito en su código de programación. Algunos dirían que esa capacidad de lucha es lo que lo hace tan extremadamente adaptativo. Y yo creo que estoy de acuerdo con ellos. Somos sorprendentemente opositores de nosotros mismos. Estamos en constante lucha por la autosuperación.  El desarrollo no es más que un mero resultado de esa autosuperación. Pero yo diría más, la autoeficacia y la autoeficiencia son las máximas que perseguimos constantemente y junto a la autosuperación se convierten en el motor del desarrollo humano. La búsqueda de la perfección.

DSC_0588

Todo este discurso humanista parece que pretende excluir el estudio de las artes marciales y a la necesidad de la existencia de las mismas como algo útil para la humanidad. Pero no nos debemos de olvidar nunca de que si tratamos al ser humano desde una perspectiva o paradigma individualista, competimos unos contra otros. A groso modo, es la única manera de verificar quien es el más apto para una tarea u otra. El problema surge cuando uno demuestra su habilidad superior en algo y el otro, o los otros no aceptan el resultado. Surgen todo tipo de sentimientos y emociones negativas. Envidia, vergüenza, ira, etc. Y podríamos volver al argumento de la necesidad pragmática de la defensa. Desgraciadamente es muy común que arreglemos nuestras diferencias a la fuerza y con el uso de la violencia del tipo que sea. El poder y el control sobre la violencia da un recurso muy poderoso. Y desgraciadamente es más siervo del miedo que de la razón. La violencia mal gobernada, arrastra a la catástrofe a todos los que la rodean. De ahí la necesidad de ahondar en la esencia de la violencia del ser humano desde todas las perspectivas posibles y desde las máximas expresiones de ésta. El conocimiento de algo esencial como es la violencia y no tratarlo con indiferencia o ignorarlo, nos dará la comprensión suficiente para alcanzar el conocimiento de esta parte del ser humano.

Entonces ¿Por qué estudiar artes marciales?¿Qué utilidad tendría a parte de la de autoconocimiento? Es muy sencillo. Para tener el control de nosotros mismos y no dejar que una característica esencial como la violencia, ya sea de fuera hacia nosotros o de nosotros hacia fuera, nos impida adaptarnos y desarrollarnos.

DSC_0511

Ahora bien. ¿Cualquier arte marcial es recomendable para este fin?¿Es indistinto qué arte marcial practiques? El problema principal con el que se encuentra el mundo de las artes marciales, es su práctica y transmisión indiscriminada. Hay una enorme cantidad de personas que se dedican a la docencia de las artes marciales sin saber muy bien que es un arte marcial. Muchos lo confunden con su versión deportiva, otros con su versión artístico-cultural,… Hay un sinfín de artes marciales por el mundo practicadas sin ningún rumbo ni objetivo claro. Sin contar con las que constantemente se están “Creando” y desapareciendo. No sé si llamar a esto artes marciales, pero habrá que englobarlas de alguna manera dentro de nuestro universo marcial, ya que responden a una realidad.

Entonces ¿Por qué hay tanto caos en el mundo de las artes marciales?¿Por qué no están bien sentadas las bases de lo que son? Tal vez, la respuesta a esta pregunta la encontremos en su forma de transmisión. Aunque hay un sinfín de libros escritos sobre artes marciales, es cierto que muy pocos tienen la relevancia de poder ser denominados como manuales de éstas. La mayoría de libros, o sólo se fijan en aspectos técnicos de ejecución o son simples ensayos de lo que un autor opina del arte marcial. No hay consenso entre las máximas autoridades de cada disciplina. La inmensa mayoría apenas consiguen rascar la superficie de lo que es el arte marcial. Así pues, el conocimiento de ésta queda relegado a la trasmisión de maestros a alumnos, con todas las circunstancias que les rodean a ambos. Como pequeños satélites que algún día giraron alrededor de un astro pero ahora vagan en la nada. Las interferencias que surgen durante el adiestramiento se ven aumentadas exponencialmente, haciendo muy difícil la labor de trasmisión y en algunos casos imposible.

Otra cosa que ha influido en la confianza que se tiene en las artes marciales es la mercantilización de éstas. Es incuestionable los beneficios económicos que producen. Y hoy en día se venden como un producto sujeto a las características de los mercados. No quiero decir con esto que se cotice en bolsa ni mucho menos, sinó que se han convertido en un producto que vender que se rige por el mayor beneficio al menor coste. Muy pocas personas son las que lo hacen de manera altruista y muy pocos son los alumnos que quieren hacerlo sin pagar. Nos ha tocado vivir una época en que la gente se hace una idea del valor de las cosas simplemente por saber su precio. Por lo tanto parece que todo está permitido para conseguir el objetivo del mercado: Enriquecerse económicamente. Todo esto hace que el objetivo de las artes marciales quede relegado a segundo plano, e incluso a veces totalmente ignorado y diluido en pos de un objetivo mucho más fuerte, que es el deseo de algunas personas de enriquecerse. Lamentable pero cierto. No voy a ser cínico y decir que yo rechazo el dinero o la posibilidad de vivir de mi profesión recibiendo un dinero a cambio de mis enseñanzas, pero sí voy a decir que a veces se hecha de menos un poco de ética en la práctica económica de esta profesión. Y no sólo ética. La mercantilización de las artes marciales hace que los activos se transformen. El alumno es visto como un activo meramente económico reducido a unos simples números. Es muy difícil no verlo únicamente como una aportación más a la economía del Dojo o academia. La entereza necesaria para mantenerse fiel a nuestros principios se ve mermada cuando el dinero entra en escena. Justificamos muchas de nuestras acciones más deplorables en pos de un beneficio extra. Así se han desmembrado muchas artes marciales y vendidas a piezas como si de un coche viejo de desguace se tratase. Todo respondiendo a una demanda de mercado de querer aprender rápido. Pero en las artes marciales no hay atajos. Ellas son el atajo. No tomarlas enteras supondría no llegar a tu destino.

DSC_0570.JPG

Puedo decir después de más de 20 años de práctica en el mundo de las artes marciales, que pocas veces me he encontrado con un maestro en condiciones. Abundan más los que me gusta denominar “perdidos”. Esos que buscan sin saber ver. Personas con muchas ganas pero atrapados en la confusión, y sí, por supuesto, ellos ven claro todo lo que hacen y sus objetivos. La reafirmación es una herramienta efectiva para mantener la integridad emocional estable. ¿Cómo van a estar equivocados? Cada día deberíamos hacer el ejercicio de encontrar 5 cosas en las que nos hayamos equivocado y corregirlas. Mi experiencia personal, a la hora de decidir mi profesión y arte marcial, me ha hecho pasar por momentos difíciles de aceptar. Aceptar que llevas mas de 10 años haciendo algo que no era lo que buscabas y que ahora que lo has encontrado has de empezar de cero, no es algo fácil de asumir por la mayoría. Hay una cierta resistencia a abandonar el estatus obtenido con la veteranía. Pasar de ser un cinturón negro a ser de nuevo un cinturón blanco es una prueba de humildad que ataca directamente al ego. Incluso abandonar un proyecto en pos de empezar uno nuevo con todas las incertidumbres, no es fácil. Conozco a muchos que se han quedado en el camino por no querer enfrentarse a dicha prueba. Y no me estoy refiriendo a acumular cinturones negros de diferentes disciplinas como si se trataran de trofeos que exhibir en una vitrina de cristal. Me refiero de elegir un camino que excluye el resto. Elegir es desechar lo que no eliges. Ese es el paso duro. Despedirse nunca es fácil. Pero una vez que lo has hecho y has asumido el nuevo camino todo se hace más sencillo. O al menos más aceptable.

Todo esto contribuye a la confusión que hay en el mundo de las artes marciales. Desde su definición hasta su práctica. Desde cómo se ven por las personas profanas, hasta cómo las entienden los que practican. ¿Cómo vamos a tener credibilidad? ¿Cómo van a confiar las personas en que podamos enseñarles algo de su esencia?¿Cómo van a respetar nuestra profesión? No conozco a muchas personas que si su hijo le dijera que de mayor quiere ser artista marcial lo apoyen igual que si les dijera que quiere ser médico, ingeniero, piloto, o cualquier profesión que no fuera ésta. Parece que hemos quedado relegados a ser una profesión de segunda o tercera. Llegando a ser un mero hobbie. Algo para lo que entretenerse en el tiempo libre. Pero preguntémonos algo ¿Es la esencia del ser humano algo para tomarse a la ligera?¿Es la violencia algo que ignorar y mirar hacia otra parte? A mi experiencia personal las artes marciales han aportado muchos valores que me han hecho falta durante mi vida. Unos valores que, en muchas ocasiones, no tenerlos marcaba la diferencia entre tener éxito o no, entre sobrevivir o no. Pero aún así, si mi hijo me dijera que quiere ser de mayor artista marcial, no es que le negara el apoyo, pero sentiría en mí una sensación de desasosiego. Es un mundo en el que la rutina diaria es nadar a contracorriente de todos. En el que el reconocimiento de la sociedad a tu dedicación no es más que unos agravantes en el momento de un conflicto que te haya llevado a juicio. En vez de todo lo contrario. Como si la práctica de las artes marciales hiciera que fuéramos más letales de lo que ya somos. Como si para quitar una vida o hacer un daño serio tuviéramos que ser instruidos en academias de artes marciales. Una gran mayoría sigue viéndonos como esas personas con las que más vale no meterse con ellas porque pueden hacerles daño. Vistos con temor por unos y con desprecio por otros. Quedando muchas veces nuestro círculo de relaciones interpersonales reducido simplemente a los que practicamos y en muchas ocasiones únicamente a tu familia. No. No sería una profesión que tuviera un camino fácil para el éxito. Pero cuál lo es ¿no?

Hay que diferenciar dos tipos de consumidores de artes marciales. Los que se instruyen en un momento dado y los que se dedican a hacer artes marciales como forma de vida. Éstos no sólo las practican sinó que en un momento dado terminan instruyendo a terceros. El ser profesor o maestro es un paso más en el desarrollo del artista marcial. Una vez tuve un profesor de kung-fu que me dijo “El kung-fu hará por ti lo que tú hagas por él” y lo menos que podemos hacer por las artes marciales, llegado el momento, es trasmitirlas. Y en la transmisión de ellas queda implícito el esfuerzo máximo en la comprensión y conocimiento de ésta para no errar la transmisión. Uno ha de hacer un ejercicio de honestidad y fidelidad a la hora de trasmitir. Es fácil caer en la comodidad de la fe que se tiene en el arte marcial por parte de los alumnos, para dar credibilidad a las aportaciones personales que uno haga fuera del currículo oficial. En ningún momento estoy desalentando a la gente para que investigue, más bien siempre aliento a las personas a ello. Pero uno siempre debe demostrar por sí mismo que lo que dice es correcto sin usar la comodidad de la fe. Demostrándolo. De lo contrario podría caer en el error de estar confiando en algo que no sirve, por el mero hecho de no haber verificado lo descubierto por comodidad. Sea como sea, el camino de las artes marciales siempre es resistencia. A cada paso que das aparece esa oposición para ponerte a prueba. Ese problema que agudiza tu ingenio para que te superes a ti mismo.

Si nos volviéramos a preguntar ahora si son necesarias las artes marciales para las personas, tal vez tendríamos que contestar ¿Es que acaso se puede separar la violencia del ser humano?¿Es que el control sobre uno mismo no debe de ser instruido? ¿Es que acaso la búsqueda de la perfección como sublimación del ser humano no es un objetivo lícito? ¿Con qué clase de personas nos gustaría convivir? ¿Con las que tiene un conocimiento sobre si mismas, comprenden la naturaleza violenta del ser humano y son capaces de controlarla?¿O las que se dejan llevar por sus impulsos más primarios violentos en momentos de crisis? Es para reflexionar ¿No?

Rubén Martínez Ramón. (Director técnico de Bukan, instituto balear de Krav-Maga y representante oficial de Bukan School of Krav-Maga en España)

realidad4

Anuncios
El desdén por las artes marciales

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s